El cine de animación, caro y sin apoyo suficiente, México.


Les dejamos una nota del espacio MILENIO (México) realizada por donde entrevistaron a Carlos Carrera, realizador Méxicano con una trayectoria importante en el cine de éste país.
Milenio  • Considerado uno de los cineastas que mejor trabaja la animación en México, Carlos Carrera (Ciudad de México, 1968) habla para MILENIO  de la nueva producción cinematográfica que está realizando y la problemática para hacer este tipo de filmes en el país.
Ana es una película que se ha tardado tres años en producirse. Con 80 millones de pesos, representa el filme más caro en la historia de la animación mexicana. A estrenarse el año que viene, su director ha tenido apoyo del Instituto Mexicano de la Cinematografía, del Prosoft de la Secretaría de Hacienda, programa de apoyo a proyectos relacionados con la industria de software y de productores independientes.
Es una historia humana, mágica que toca temas que a Carrera le obsesionan: la combinación de oscuridad y luz. La trama recrea cómo Ana tiene que reunir a sus padres que están separados, y para ello se vale de la compañía de muchos personajes, que van desde seres imaginarios hasta gente que se encuentra en la calle.
Con más de veinte filmes dirigidos, como La mujer de Benjamín, Sexo, amor y otras perversiones, El crimen del padre Amaro De Raíz, entre otras, el cineasta cuenta que en México existen dos vertientes en la animación: una original, atractiva que surgió en los años ochenta y noventa reflejada en los cortometrajes que han ganado premios internacionales y en la que se destacan, por ejemplo, Rita Basurto, Sofía Carrillo y Karla Castañeda.
“Y otra que se dio a partir de 2000 cuando una serie de empresas impulsaron estas producciones apoyándose del presupuesto que los fondos estatales y federales de cine otorgan a distas películas y que en el caso de la animación equivalen al cine de ciencia ficción, es decir, unos 30 millones de pesos aproximadamente”, destaca.
Sin embargo, para hacer una cinta de animación con muchas pretensiones técnicas, como es el caso de Ana, se necesita más dinero. Hay países que invierten hasta 50 millones de dólares por película, por lo que es difícil poder competir. “En México se suele copiar el esquema estadunidense de cine”, menciona.
¿Cuáles son los problemas principales del cine de animación?
Que es considerado en los fondos estatales como si se pudiera hacer igual que el de ficción. Sin embargo, una película de animación se lleva mínimo tres años y una de ficción, una vez que se filma y pos produce, un año.
¿Hay incentivos especiales para este tipo de cintas?
No. Las películas de animación son patrocinadas por el Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción Cinematográfica Nacional (Eficine), es decir el estímulo 226 y por el Fondo de inversión y estímulos al cine (Fidecine). De hecho Ana tiene ambos fondos que no son suficientes porque es más cara. Nos enfrentamos al problema de tener por un lado excelentes cortometrajes, premiados en los festivales internacionales que participan, y por otro los pocos logros estéticos de los largometrajes.
¿Desde cuándo empezó en México la tradición de hacer cine de animación?
Nunca ha habido una tradición. En1928 empezó a existir. En esa época había un estudio de un tal señor Vergara que empezó a hacer los cortos Don Catarino. Después se hicieron comerciales de Sal de uvas picot. Eran los orígenes de la industria de la animación en México. No fue hasta los setenta con Los tres Reyes Magos de Fernando Ruiz que se hizo el primer largometraje. Aunque la cinta se equiparaba a algunas producciones extranjeras, tuvo problemas económicos y técnicos. Más tarde se filmó Los Súper Sabios, basada en el cómic homónimo y de ahí pasaron más de 20 años para que se reactivara la industria.
¿Por qué no existe la tradición de hacer películas de animación en México?
Se debe a tres factores: lo específico del cine de animación, el tiempo que lleva hacerlo y los recursos que requiere. Es una disciplina basada en el desarrollo de una técnica y un leguaje muy particulares y se requiere de la formación de muchos artistas.
¿Qué tiene que hacer el gobierno para incentivar este tipo de producciones?
Hay que revisar los reglamentos. En este momento los encargados de dar los apoyos ya se dieron cuenta que no es tan simple hacer una película con estas características. Pero, como ya se dijo, los fondos están equiparados a las cintas de ficción. Falta reglamentar los fondos para películas de animación.
Para ver la nota en su espacio original: LINK

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